Vivir la solidaridad brindando ayuda a los niños desplazados en Perú

18/03/2020 - Perú

Muchos venezolanos han emigrado, y siguen emigrando, en busca de subsistencia para sus familias. Y muchos de ellos lo hacen solo con lo más indispensable. En esta dramática situación, surgió la necesidad en el seno de familias con hijos pequeños, en edad escolar, que deseaban estudiar. 

Debido a la situación política entre Venezuela y Perú, los niños no contaban con los documentos requeridos por el sistema educativo y su evaluación mostró una diferencia entre la edad cronológica y la edad académica en la que deberían ubicarse.

Se logró que accedieran a una plaza en los centros educativos, pero mostraban dificultad en el desarrollo de las sesiones académicas diarias. Debido a la crisis en su país, las clases no se habían dado con regularidad. Ellos mismos manifestaban que, al no tener el servicio básico de agua corriente, la escuela se cerraba varios días, por lo que sólo acudían dos o tres veces a la semana. Como consecuencia de este curso irregular de las actividades escolares, su desarrollo académico era muy bajo.

A todo esto, se le suma el hecho de que sus padres deben trabajar para obtener el sustento diario de la familia, y no disponen del tiempo necesario para brindarles el apoyo académico adicional que estos niños necesitan.

El proyecto de Ayni va dirigido a niños y adolescentes en edad escolar, entre los 4 y 17 años de edad. Todos ellos deben pasar por una evaluación de ubicación para estudiar el grado académico que les corresponde. El objetivo principial es el desarrollo de competencias académicas y capacidades, además de fomentar valores propios en cada una de ellas, para alcanzar un aprendizaje significativo.

Ante la necesidad de apoyo académico para que su permanencia en las escuelas se produzca de manera regular, compensando su bajo rendimiento en las clases y su dificultad para realizar las tareas, aquí se les brinda un espacio para el desarrollo de sus tareas y el acompañamiento que necesitan.

Ayni es una palabra del quechua que, traducida al castellano, se entiende como reciprocidad. Es una práctica ancestral que aún persiste en el país, sobre todo, en el mundo andino. Consiste en dar al otro sin esperar nada a cambio: se realiza únicamente con el deseo de sentirse bien y, de esa manera, vivir en armonía y en sintonía con todos.

Las Hermanas de la Caridad de Santa Ana entienden la educación como "un proceso formativo, dinámico, coherente y unificado, que posibilita el desarrollo integral y armónico de la persona en todas sus dimensiones: ser único e irrepetible, abierto a los demás y con sentido de trascendencia". Así, viven la hospitalidad y solidaridad con los más vulnerables, en especial, los niños.

Fundación Juan Bonal es expresión de solidaridad.

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